miércoles, 18 de febrero de 2015

El escritor de izquierda humanista, Josele Sánchez polemiza en la presentación de su libro en Barcelona

El lingüista Manuel Parra Celaya presenta en Barcelona la polémica novela basada en la desconocida vida de Carrillo.

“Josele Sánchez desbroza toda una maraña de falsedades sobre Santiago Carrillo” El pasado viernes se presentaba en Barcelona “Con la piel de Cordero”, la última novela de Josele Sánchez que viene cargada de polémica por las graves acusaciones que hace a Santiago Carrillo, entre ellas, la de haber estrangulado a su primera mujer y haberla enterrado en el chalé de Dolores Ibarruri “Pasionaria” en Paris. La novela, que durante las pasadas navidades se convirtió en la más vendida en la plataforma Amazón, fue presentada por el profesor Manuel Parra Celaya, lingüista, filósofo, articulista y escritor.

En palabras del profesor Parra Celaya:


“La novela Con la piel de cordero presenta en su estructura un curioso tratamiento del tiempo saltando, en un feed back aparentemente desconcertante, de situaciones de actualidad a situaciones de la España enfrentada en el ayer; este recurso cervantino de alternar capítulos dedicados a dos protagonistas, lo utiliza Josele Sánchez para su personaje de ficción, Marcos Larrazábal, y para su personaje tristemente histórico, Santiago Carrillo. Este es un recurso que recuerda a la pluma de Cervantes, pero la técnica global de la novela es profundamente galdosiana: primero, por el uso exhaustivo de la documentación, y, segundo, por el arte de situar personajes ficticios inmersos en hechos reales, concretamente en estos agitados años de finales del XX y principios del XXI; estos hechos seguro que serán reconocidos por el lector informado, aunque quizás no por muchos jóvenes, pues ya sabemos que, con respecto al presente, la sobreinformación a la que pueden tener acceso es sinónimo de desinformación, y, con respecto al pasado –y en el caso concreto de España-, en sus aulas han sido objeto, simple y llanamente, de un inmisericorde proceso de adulteración, ocultamiento o falsificación de la historia”.

La visión crítica de Josele Sánchez empalma directamente con un reconocido desprecio por lo políticamente correcto

“La mirada de Josele Sánchez no es partidista, sino que responde a los cánones de lo que tiene que ser el punto de vista de un historiador y de un periodista. Esta mirada abierta no contentará a ningún lector que la contemple desde un prisma ideológico concreto. Esta visión crítica empalma directamente con un reconocido desprecio por lo políticamente correcto, que no es solo atribuible a Marcos Larrazábal, como criatura, sino a Josele Sánchez como creador: desde el uso del lenguaje hasta la desmitificación de supuestos tabúes en personajes reales (Pablo Neruda, Diego Rivera, Frida Kahlo), pasando por la mención de personajes no menos reales pero molestos en la actualidad y silenciados generalmente, como José Antonio Primo de Rivera”.

“El contenido de Con la piel de cordero tiene el objetivo claro y principal de desbrozar toda una maraña de falsedades sobre Santiago Carrillo que han calado en el subconsciente colectivo de muchos españoles bajo la apariencia de dogmas históricos y políticos”.

“Las narraciones son ágiles, en ocasiones trepidantes; las descripciones excelentes, casi cinematográficas, las enumeraciones, brillantes, oportunas y exactas; y no obviemos los remansos de belleza que suponen unas cuantas entradas poéticas”.

 “Josele Sánchez es un maestro del lenguaje, que es capaz de escribir de una forma que, a la vez, deleita con la selección de las palabras, impresiona con el adjetivo certero o desconcierta con esa alternancia de crudeza y de simpatía, en ocasiones de delicadeza y dulzura”.

Josele Sánchez califica de enanos, analfabetos y comemierdas a Artur Mas y Oriol Junqueras

“El intelectual debe mojarse y yo estoy dispuesto a defender la unidad de España aunque sea a guantazo limpio”

Ante una un aforo que llenaba la saladel hotel Montblanc tomó la palabra Josele Sánchez quien no defraudó a un público que esperaba la versión más polémica del autor de “Con la piel de cordero”, la novela que ha sorprendido a la opinión pública con sus revelaciones sobre la posible participación de Carrillo en el estrangulamiento de su primera mujer. Pero la controversia llegó nada más iniciar su intervención.

 El escritor, hablando en catalán dijo:

“Debería hacer como aquel escritor que decía aquello de ¡yo he venido aquí para hablar de mi libro…! También yo he venido a hablar de mi libro pero hay cosas mucho más importantes que las novelas que pueda vender. Hay momentos en los que los intelectuales no debe permanecer en los ateneos sino que deben bajar al tajo y coger el toro por los cuernos. Yo no puedo venir a Barcelona y dedicarme a hablar de mi novela sin más, por mucho que todos me hayan recomendado que no me meta en política. ¿Cómo no voy a meterme en política? Nos estamos jugando la unidad de España por culpa de un par de enanos, analfabetos y comemierdas como Artur Mas y Oriol Junqueras”. Ante el estupor general de los asistentes, Josele Sánchez añadió hablando en perfecto catalán.

“Hay cosas que están por encima del debate político, por encima de la supuesta corrección. La buena educación, los buenos modales y los sentimientos nobles obligan a liarse a guantaz limpio, si es necesario, para defender la unidad de la patria”.
 
Después de unos minutos de confusión, en los que algunos de los asistentes abandonaron la sala, el novelista prosiguió su intervención, ya en castellano, refiriéndose al contenido de su novela:

“Hechos que relato en la novela, como el estrangulamiento de la primera mujer de Carrillo y su posterior entierro en el chalé de Pasionaria, pueden parecer una trama imaginaria pero la realidad supera la ficción. Esta información estuvo en manos del el editor José Lara quien no se atrevió a publicarla por presiones recibidas desde la Casa Real”.

Josele Sánchez dijo que el asesinato de la primera mujer de Carrillo es una mera anécdota al lado del resto del resto de revelaciones que encontrará el lector a lo largo de la novela y añadió:

“Santiago Carrillo llegó a un acuerdo con mediadores de la Corona, cuando Juan Carlos era príncipe, estableciéndose un pacto en virtud del cual, cundo muriese Franco, el Partido Comunista de España facilitaría una transición pacífica a la democracia a cambio de que se limpiara su nombre, su pasado y su expediente judicial. Carrillo se aseguró de no ser juzgado por ningún motivo hasta el punto de que el único exiliado que no pudo volver a España fue Segundo Serrano Poncela, mano derecha del secretario general de los comunistas en las matanzas de Paracuellos”. Según el novelista “Martín Villa, ministro del Interior bajo la presidencia de Adolfo Suárez, impidió a Serrano Poncela regresar a España”.

Otra de las revelaciones que encontrará el lector es la dirección de Santiago Carrillo de los preparativos del asesinato de Leon Trotski quien fue ejecutado en Méjico por el español Ramón Mercader.

 Según Josele Sánchez:

 “También intervinieron, a las órdenes de Carrillo, Pablo Neruda y Diego Rivera lo que supone otra desmitificación ya que el poeta chileno es un icono mundial del pacifismo”. La novela “Con la piel de cordero” relata, también, la sistemática eliminación física de militantes comunistas incómodos incluyendo una relación de nombres de víctimas, militantes del PCE ejecutados por orden de Carrillo y que figuran como víctimas del franquismo.

Josele Sánchez ofrece en la novela una versión completamente nueva de la condena a muerte de José Antonio Primo de Rivera, fechas, reuniones, personajes que avalan su teoría respecto a la decisiva intervención de Carrillo en el fusilamiento del fundador de Falange Española,

Según el autor

 “Santiago Carrillo, obedeciendo órdenes de Stalin, presiono al tribunal para conseguir que José Antonio fuera condenado a muerte”.

El autor, que ha precisado dos años de investigaciones y acopio de documentación para escribir la novela, está preparado para las reacciones que puedan producirse por la aparición de su libro.

Josele Sánchez (Bunyol-Valencia, 1964) es un escritor contundente, polémico y sobrado de oficio que ha cultivado casi todos los géneros literarios: poesía, ensayo, cuento infantil y, por supuesto, la novela.

Con la piel de cordero está editada por Círculo Rojo.

Con seguridad no va a faltarle polémica a esta novela que parece predestinada a derribar mitos y tópicos.

Fuente: elmunicipio.es

domingo, 12 de octubre de 2014

La Leyenda Negra una mentira fabricada por Inglaterra, Holanda para denigrar a España

Orígenes de la Leyenda Negra

La Leyenda Negra, como propaganda antiespañola, empieza a fraguarse a partir de mediados del siglo XVI coincidiendo con la rebelión de los Países Bajos contra el gobierno de Felipe II. Sin embargo, algunos autores establecen antecedentes de esta hostilidad hacia los españoles principalmente en Italia, aunque también en Alemania y Francia.
Posesiones en el Mediterráneo de la Corona de Aragón
Los antecedentes italianos se remontan al siglo XIII cuando el reino de Aragón se extendía por el Mediterráneo hasta Nápoles y Sicilia. La competencia comercial de los mercaderes catalanes y la posterior imposición de tributos por parte de la administración española suscitará odios entre los italianos. Odios injustificados, pues, por una parte, es Castilla la que seguirá cargando con el mayor peso fiscal en cuanto al mantenimiento del Imperio, posesiones italianas incluidas, y, por otra, la defensa de Italia frente a la amenaza turca depende básicamente del Imperio español. También la administración de justicia española habrá de toparse con los privilegios de la desplazada aristocracia italiana. Ésta, apelando a sentimientos nacionalistas, conseguirá finalmente que el pueblo italiano también se resienta contra los españoles a pesar de que el sistema judicial hispano era generalmente benévolo e imparcial a nivel popular.

Alejandro VI
Los italianos tampoco digieren bien, dada su condición de descendientes de la antigua y refinada Roma, estar bajo el dominio de un pueblo al que consideran de inferior cultura. Los españoles son presentados como bárbaros, irreligiosos e ignorantes. También son considerados inferiores desde el punto de vista racial pues, por su historia, son mezcla de judíos y moros. Por ejemplo, en el siglo XV, el papa Borgia, Alejandro VI, será calificado de «marrano y circuncidado» debido a su origen español y, en torno a él y a su familia se irá formando también una particular leyenda negra. Curiosamente una de las instituciones españoles más criticada por la Leyenda Negra será la Inquisición, dedicada precisamente a la eliminación de influencias judías y musulmanas. Por lo tanto, España será alternativamente condenada por ser mezcla de hebreos y moriscos y por su intolerancia hacia los mismos. La hispanofobia italiana se basará principalmente en la impotencia ante la hegemonía de un país al que se considera inferior cultural y racialmente.

El Saco de Roma (1527) por las tropas de Carlos I en su enfrentamiento con los Estados Pontificios no contribuyó precisamente a apaciguar las críticas italianas. Los españoles cargaron con toda la culpa a pesar de que representaban menos de un tercio de toda la tropa. Los otros dos tercios estaban formados por mercenarios alemanes (lansquenetes) y por soldados ¡italianos!

Los antecedentes alemanes de la Leyenda Negra se originan con la guerra que Carlos V mantuvo con los príncipes protestantes germanos de la liga de Esmalcalda. El emperador defendía el catolicismo romano frente a la reforma luterana por la que tomaba partido la liga. Si a esto añadimos el incipiente nacionalismo alemán, el antijudaísmo, ya patente en Lutero, y el sentimiento nórdico de superioridad racial hacia italianos, españoles y judíos, tenemos todos los ingredientes necesarios para entender el antiespañolismo y el antipapismo germanos.

En Francia los sentimientos antiespañoles están ligados a la política imperial española en Europa durante los siglos XV y XVI por la que Francia se vio, por una parte, frustrada en sus ambiciones sobre Italia y, por otra, encerrada entre las posesiones españolas en Europa.


Toda esta hispanofobia, fruto de las rivalidades económicas, de la política imperial española en Europa, de sentimientos nacionalistas y anticatólicos y de superioridad cultural y racial y, por supuesto, del descubrimiento del Nuevo Mundo por parte de España, cristaliza a partir de mediados del siglo XVI cuando los intereses holandeses e ingleses entran en colisión con el Imperio español.

En los años 60 del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, tiene lugar la rebelión de los Países Bajos. En principio, no se trataba de una revuelta popular sino de una conspiración gestada por la nobleza local usando técnicas de propaganda contra el gobierno español, la Iglesia católica y la Inquisición. La mayoría de la población seguía siendo católica pero ciertos nobles flamencos usaron la ideología de la Reforma protestante como instrumento nacionalista para conseguir independizarse de España. La Monarquía Hispánica, en su intento por mantener el ortograma imperial católico en Europa, tuvo que enfrentarse abiertamente al ámbito protestante, Países Bajos e Inglaterra, que es de donde le lloverán las críticas más feroces.

El Duque de Alba
La revuelta en los Países Bajos empezó ante las medidas militares y religiosas tomadas por Felipe II con el fin de reprimir la herejía protestante. El duque de Alba, gobernador de la zona, para controlar las continuas rebeliones, impuso al menos un millar de condenas a muerte, entre ellas las de varios nobles flamencos, e incrementó fuertemente la presencia militar. La tardanza en el pago de los sueldos produjo motines entre los soldados que culminaron con el saqueo de Amberes en 1576, en el que murieron varios miles de holandeses. Se exageró la supuesta crueldad de la política del duque y la propaganda cargó las tintas sobre los hechos más sangrientos y despiadados con el fin de desprestigiar al invasor español. Esta visión será apoyada intensamente por Inglaterra que, a partir de la subida al trono de Isabel I (1558), ratifica el cisma con la Iglesia de Roma iniciado por Enrique VIII.

El príncipe Guillermo I de Orange, antiguo gobernador (estatúder) de Felipe II en los Países Bajos, fue uno de los principales líderes de la revuelta y su obra «Apología» (1580) se convirtió en uno de los panfletos de propaganda antiespañola más difundidos. Según el hispanista Felipe W. Powell:

(…) la Apología de Guillermo fue, sobre cualquier otro, el libelo de mayor impacto, y llegó a ser una piedra angular en la historia total de la Leyenda Negra. No sólo reiteró temas ya conocidos, incluyendo algunos tradicionales en Italia y Alemania, sino que inventó nuevos libelos y dio nuevo giro a los ya existentes. Este panfleto, traducido a las lenguas europeas de mayor difusión, fue ampliamente repartido. (Felipe W. Powell, La Leyenda Negra, pág. 126).

El príncipe Guillermo I de Orange
Guillermo elude los ataques políticos directos al rey y responsabiliza del mal gobierno a sus ministros: los gobernadores españoles de Holanda, en especial el duque de Alba, son títeres del Papa y Felipe II es un esclavo de la Inquisición. Haciéndose eco de las acusaciones de fray Bartolomé de las Casas remarca la crueldad natural de los españoles patente en las matanzas de indios en el Nuevo Mundo. También es el primero en publicar que Felipe II había ordenado la muerte de su hijo don Carlos y otras acusaciones personales hacia el rey. Asesinado en 1584, poco después de la publicación de la Apología, Guillermo de Orange se convirtió en mártir de la independencia holandesa y, aún hoy, es mencionado en la letra del himno nacional.

La hispanofobia también sirvió a los holandeses como justificación para intentar conquistar las posesiones lusas de ultramar, cuando éstas pasaron a formar parte del Imperio hispano (1580-1640) al heredar Felipe II el trono de Portugal, y empezar así a desarrollar su propio imperio.

Las relaciones de España con Inglaterra fueron relativamente buenas en la primera mitad del siglo XVI, durante el matrimonio de Felipe II con la reina católica María Tudor, pero se volvieron altamente conflictivas al consolidarse definitivamente el protestantismo bajo el reinado de Isabel I. Inglaterra fomentó la rebelión de los Países Bajos no sólo por solidaridad protestante frente al católico Imperio hispánico sino por la amenaza que representaba tener dominios españoles a tan poca distancia de sus costas. Por otra parte, el enfrentamiento también se planteó en el terreno económico y político debido a las estratagemas inglesas por participar a toda costa de las ganancias americanas.

A diferencia de los holandeses, cuyas críticas a España se dirigían al mal gobierno, la propaganda antiespañola inglesa se centró especialmente en la temática americana puesto que sus intereses iban en el sentido de crear su propio imperio en el Nuevo Mundo. La Leyenda Negra sirvió para justificar la piratería a naves y posesiones españolas en América. Al famoso pirata Francis Drake, que asaltó Santo Domingo y Cartagena, se le otorgó incluso el título de Sir.

Finalmente, en 1588, Felipe II se vio obligado a enviar a la «Grande y Felicísima Armada» con el fin de invadir Inglaterra. Su fracaso, debido más a las malas condiciones meteorológicas que a los méritos militares ingleses, fue utilizado por éstos para ridiculizar tanto a la que denominaron irónicamente «Armada Invencible» como a la monarquía española.

Gran parte de la propaganda antiespañola toma como fuente las críticas realizadas por los propios autores españoles, como Antonio Pérez, Reginaldo González Montano y Bartolomé de las Casas. Dichas críticas serán posteriormente exageradas y ampliadas en el extranjero convirtiéndose así en propaganda contra el Imperio hispánico.

Antonio Pérez
Siendo secretario de estado de Felipe II, Antonio Pérez participa en una serie de intrigas palaciegas que finalmente le hacen caer en desgracia. Se ve obligado a huir y buscar refugio primero en Zaragoza, acogiéndose a los fueros del reino de Aragón, y posteriormente en Inglaterra. Aquí, bajo el pseudónimo de Rafael Peregrino, publica una serie de libelos contra Felipe II bajo el título de «Relaciones» (1594). Antonio Pérez acusa al monarca de mantener relaciones adúlteras con la princesa de Éboli y de ordenar la muerte de su primogénito don Carlos. La historiografía no ha podido probar la responsabilidad del rey en dicha muerte por lo que probablemente tras esas acusaciones se escondían motivos personales y políticos. De hecho, las acusaciones de Pérez fueron usadas como propaganda contra Felipe II por los holandeses en su lucha por la independencia. Guillermo de Orange añadirá, por su parte, nuevas acusaciones como la de bigamia, incesto, adulterio y la de ordenar la muerte de su esposa Isabel de Valois. La tétrica imagen creada en torno al emperador hará que sea conocido en el ámbito protestante como el «demonio del mediodía».

Las acusaciones de Reginaldo González Montano, protestante español exiliado en Londres, se centran en cambio en la Inquisición española. Montano construye un terrorífico relato en torno a las torturas y tormentos empleados por dichas institución. Su obra, «Exposición de algunas mañas de la Santa Inquisición española» (1567), fue profusamente traducida y reeditada en Francia y en los países protestantes.

Una parte principal de la Leyenda Negra se ceba especialmente con la Inquisición española, uno de los instrumentos para llevar a cabo la política imperial de Felipe II en Europa. La Inquisición española fue un tema recurrente entre los intelectuales europeos, que vieron en el Santo Oficio una simple maquinaria de practicar las más horrendas torturas. Y, en particular, fue una de las grandes obsesiones de los holandeses. En este sentido, todas las obras de la época intentan describir con el máximo morbo posible los sangrientos procedimientos inquisitoriales.

La Inquisición moderna fue creada por los Reyes Católicos a través de una bula del papa Sixto IV, en 1478. Pero mucho antes ya funcionaba la llamada Inquisición medieval en países como Francia o Alemania donde se encargaba de perseguir a los herejes, como los albigenses franceses. Por otra parte, los países protestantes, una vez libres del control de Roma, crearon sus propias Inquisiciones, mucho más crueles que la española. Así, en sus tres siglos y medio de existencia, la Inquisición española mandó ejecutar a unas cuatro mil personas (la inmensa mayoría judaizantes), mientras que en un periodo de tiempo mucho menor se quemaron doscientas mil brujas en el Norte de Europa o se ejecutaron también cientos de miles de católicos en la Inglaterra de Isabel I.

fray Bartolomé de las Casas
La Leyenda Negra americana se apoya principalmente en las denuncias que hizo fray Bartolomé de las Casas y que plasmó en su «Brevísima relación de la destrucción de las Indias» (1552). El libro es una relación, tendenciosamente exagerada, de los excesos que acompañaron al descubrimiento. Así, Las Casas habla de 30 a 50 millones de indios muertos en la isla de La Española cuando la población es probable que ni siquiera llegase a los 14 millones de habitantes (población actual). Sin embargo, sus denuncias llevaron a la adopción de leyes de protección de los indios, como las «Leyes Nuevas» (1542), por parte del emperador Carlos I. Éste llegó incluso a detener la conquista (1550) hasta que una junta de expertos en teología y leyes no dictaminasen si se estaba obrando correctamente. En dicho contexto tiene lugar la «Controversia de Valladolid» entre Ginés de Sepúlveda, que defiende la guerra justa contra los indios, y Bartolomé de las Casas que se opone.

La obra de Bartolomé de las Casas fue rápida y profusamente publicada por los impresores protestantes mientras que ignoraron la obra de Bernal Díaz del Castillo, favorable a la labor de conquista española. El grabador y editor holandés Teodoro de Bry (Frankfurt) se encargó de añadir a la obra de Las Casas ilustraciones que describían fielmente la narración que el dominico hacía de las supuestas atrocidades realizadas por los españoles en América.

Hay que tener en cuenta que la propaganda es el elemento fundamental de difusión de la Leyenda Negra y la imprenta, desarrollada precisamente en tierras protestantes, el invento que la hace posible, bien en forma de libros o, más frecuentemente, en forma de panfletos y libelos baratos y fáciles de distribuir. Puesto que la mayoría de la población no sabe leer, estas obras van profusamente ilustradas con imágenes y grabados en los que se describe morbosamente las supuestas torturas de la Inquisición española o las fantasiosas matanzas de indios que los españoles realizaban en América.

Ya hemos dado algunos apuntes sobre las exageraciones o falsedades en las que se basan los relatos que constituyen la Leyenda Negra. Existe al respecto una bibliografía cada vez más abundante que pone en evidencia las acusaciones contra España. Sin embargo, lo que aquí nos interesa, desde el punto de vista de la filosofía de la Historia del materialismo filosófico, es contraatacar la Leyenda Negra desde la Idea filosófica de Imperio.

Hemos visto cómo los orígenes de la Leyenda Negra están vinculados al establecimiento de España como Imperio efectivo. Pese a que Felipe II nunca se tituló emperador, la denominada Monarquía Hispánica se extendía a lo largo de 40 millones de km2 (el Imperio más grande hasta la fecha), territorio que eclipsaba con creces al imperio oficial, el Sacro Imperio Romano Germánico, heredado por Fernando I de Habsburgo de su hermano el emperador Carlos V. Y es que, con el descubrimiento casual de América (a consecuencia del ortograma imperialista heredado de los primeros reinos cristianos en su intento de recubrir a los invasores musulmanes) España se convierte en un Imperio Universal y empieza a ser temida y odiada.

Los enemigos del Imperio español son otros imperios. Bien imperios emergentes, como Inglaterra y Holanda, bien imperios ya en marcha, como el imperio turco o los imperios azteca e inca, o bien eternos aspirantes a constituirse en imperio, como Francia. El Imperio español es el que lleva la voz cantante en el sentido de mantener el «orden mundial» frente al Islam y el Protestantismo. La Pax Hispana logrará coordinar entre sí una serie de reinos y virreinatos y se mantendrá más o menos estable durante cuatro siglos hasta la invasión napoleónica.

Es en esta dialéctica de Estados (o de imperios) en la que, como estrategia para minar el poder del Imperio español, surge en el ámbito protestante toda la maquinaria propagandística antiespañola de la Leyenda Negra que, como ya hemos señalado, se dirigirá tanto a la propia persona del monarca, Felipe II, como a su política imperial (en la medida que dificulta el despliegue de los otros imperios), como a las instituciones por las que dicha política se lleva a la práctica (tales como la Inquisición o el Real Patronato de Indias) o como, en última instancia, a los propios españoles.

La Monarquía hispánica se sustentaba filosóficamente en lo que Gustavo Bueno denomina Idea «metapolítica» de Imperio, consistente en que para que el Imperio Hispánico fuese Universal y, por tanto, generador requería estar fundado en una Idea metapolítica, es decir, una Idea que estuviese por encima de los meros intereses políticos depredadores. Esa Idea metapolítica será la Idea de Cristiandad.

Necesariamente, España, como Imperio generador, no puede constituirse sobre reinos bárbaros o herejes, lo cual implica una necesaria uniformización cristiana. Su condición de Imperio generador (civil) y no depredador (heril) le obliga a constituirse como Imperio cristiano (católico):

(…) el Imperio Universal Civil (no «heril») sólo puede ser un Imperio conformado sobre reinos cristianos ya existentes o por crear; no puede ser un Imperio conformado sobre sociedades bárbaras o idólatras, ni tampoco un Imperio de dominación sobre pueblos cismáticos (musulmanes y, acaso también, protestantes). Según esto, si el Imperio debe ser cristiano no es tanto como medio de lograr la más plena unificación política (es la interpretación ordinaria), sino como el único modo de lograr la unificación política misma de los pueblos de un modo no depredador o tiránico. (…) No se tratará, por tanto, de extender más y más el Imperio por vía de la dominación, de la depredación o de la tiranía. Un Imperio generador sólo puede crecer sobre los pueblos cristianos (o dirán otros: «sobre pueblos civilizados»), y no para arrebatarles las tierras, las leyes o los fueros, sino para mantener la paz entre los reyes y los príncipes soberanos e independientes. (Gustavo Bueno, España frente a Europa, pág. 342)

Pero eso no quiere decir que Felipe II sea un títere del Papa o de la Inquisición, como señalan algunos de sus críticos cargando las culpas sobre la Iglesia. Es un error pensar que el Imperio español esté subordinado a la teología católica y al «poder espiritual» del Papa que lo utilizan con fines evangelizadores para fabricar más cristianos. No se trata de que España, ajena a la modernidad, esté presa aún de la herencia medieval manifiesta en la fórmula de «por el imperio hacia Dios». Más bien, al contrario:

Sólo porque se actuaba en nombre de Dios (del Dios cristiano) el Imperio podía ser universal: «por Dios hacia el Imperio», podría ser la fórmula del Imperio hispánico (…). (Gustavo Bueno, op. cit. pág. 347)

Por consiguiente, era el propio Felipe II el que se valía del poder espiritual, representado en la cristiandad católica, para poder llevar a cabo su política imperial:
 
El dogma católico, tal como se formuló en Trento, equivalía, para Felipe II (…) a lo que la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» de 1948 representa hoy para los Imperios o Estados modernos: la trama normativa fundamental a partir de la cual puede empezar a ponerse en ejecución la política efectiva. En este sentido, el Concilio Ecuménico de Trento podría ser interpretado como una operación al servicio de la política de Felipe II (de la misma manera a como la Asamblea «Ecuménica» de la ONU, que proclamó la «Declaración Universal de los Derechos Humanos», puede considerarse como una operación al servicio de las Potencias capitalistas victoriosas de la Segunda Guerra Mundial. (Gustavo Bueno, op. cit. pág. 351)

Precisamente, gran parte de la Leyenda Negra se basa en acusaciones hacia dos instituciones, la Inquisición española y el Real Patronato de Indias, que nacieron como privilegios que el Papado había concedido a los reyes Católicos para que apoyaran la evangelización y el establecimiento de la Iglesia Católica en América. Sin embargo, lejos de ser instituciones medievales al servicio de Roma serán, en la práctica, instrumentos al servicio del Imperio hispánico durante cuatro siglos (del siglo XV al XIX), y que:

 (…) suponen el «desbordamiento del papel de la Iglesia católica por parte de la empresa imperial como distribuidora de la “ley de Dios”, toda vez que esta distribución dirigida a “todos los hombres” se lleva a cabo a través del Imperio, y se lleva a cabo hasta donde el Imperio puede (hasta donde le dejan otras potencias políticas y no políticas). (Atilana Guerrero & Pedro Insua, España y la «inversión teológica», El Catoblepas nº 20, pág. 19)

Tanto la política inquisitorial española como la política de conquista del Nuevo Mundo son mostradas como ejemplos de intolerancia, fanatismo, crueldad y depredación. Sin embargo, resulta completamente anacrónico tachar de intolerante la política inquisitorial de Felipe II por sus leyes que prohibían imprimir o introducir libros heréticos o ir a estudiar o a enseñar a las Universidades de países protestantes. La tolerancia sólo comenzó a considerarse como virtud a partir del siglo XVIII, cuando se transformó en un mero equilibrio de fuerzas entre la Iglesia de Roma y las Iglesias protestantes. No sólo España, tampoco los demás países, en esta época, predicaban la tolerancia. Precisamente de la intolerancia política dependía la supervivencia de los distintos Estados e Imperios que se estaban desplegando simultáneamente al Imperio hispánico. Por otra parte, las Iglesias reformadas no eran precisamente una luz de modernidad frente al oscurantismo de la Iglesia católica:

(…) como si el fideísmo de Lutero no representase el espíritu frailuno más medieval y arcaico, que incluía el odio a los judíos, un odio que fue, por cierto, reutilizado en época de los nazis. (…)Las leyes de Felipe II de 1518 y 1519 («ley de Aranjuez») prohibiendo imprimir, introducir o vender libros heréticos o prohibiendo a los letrados ir a estudiar o a enseñar a Universidades de países protestantes tenía, por tanto, un alcance político comparable al de nuestras leyes actuales prohibiendo editar o vender libros nazis que defiendan el «holocausto» o incluso que nieguen su existencia; o el de otras leyes que prohíben ir a estudiar o a enseñar a las llamadas «sectas destructivas» (Gustavo Bueno, op. cit. pág. 349)

En cuanto a la conquista de América, es indudable que en sus inicios se realizaron innumerables tropelías, crueldades y actos criminales, muchas de ellas inevitables y otras totalmente gratuitas. Sin embargo, la intención del Imperio (finis operis) no era esa pues, ya en fecha tan temprana como 1512, los Reyes Católicos promulgan las Leyes de Burgos con el fin de salvaguardar los derechos de los indios, especialmente en lo concerniente a que no podían ser esclavizados. El Imperio tenía un claro carácter generador. Pero la realización de tales objetivos (finis operantis) hace inevitable un cierto grado de depredación por parte de los individuos que ponen en práctica los fines generadores del Imperio. Como señala Gustavo Bueno, no es que el Imperio tenga un lado bueno y otro malo, un anverso y un reverso (la cruz y la espada). Todo depende de la escala con la que observemos la realidad. Si nos movemos a pequeña escala, es decir, a escala «molecular» observaremos las actividades más o menos predadoras de los individuos particulares, mientras que si nos movemos a gran escala, es decir, a una escala «molar» tal vez podremos vislumbrar que los mezquinos fines de los elementos moleculares sirven para que el Imperio, por encima de ellos, ponga en marcha toda su actividad civilizadora y generadora:

Los españoles no emprendieron sus expediciones, con los terribles sacrificios que ellas comportaban, para ir a las selvas o a las playas americanas a recitar el Beatus ille, aunque muchos contemporáneos nuestros desde su más pura conciencia ética y ecológica nos digan, en sus lamentaciones, ante la Historia de los Imperios, que eso es justamente lo que debieran haber hecho. En general, cabría decir que la potencia de un Estado y, en particular, la de un Imperio, no se mide tanto por el grado de identificación o de «entrega» a sus planes y programas que puedan tener los ciudadanos o los grupos de los ciudadanos que lo integran; cada grupo, como cada ciudadano, se mueve en función de sus fines particulares («moleculares») y lo importante es que el Estado, o el Imperio, haya sido capaz de tejer una red («molar») capaz de canalizar los «efectos de masas» resultantes de la conjunción de los grupos particulares, y de los excedentes que así se obtienen, para aplicarlos a la realización de sus propios proyectos generales. (Gustavo Bueno, op. cit. pág. 354)

Fuente: laleyendanegra.com

martes, 5 de marzo de 2013

Exposición de pintura en el Día Internacional de la Mujer Un total de diez artistas reivindican el papel de la mujer creadora, entre ellas la alcorina Ana Beltrán


El Centro Melchor Zapata de Benicàssim celebra este viernes 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, una exposición colectiva de pintura a cargo de las alumnas del taller de pintura de la FPA (Formación para adultos) del municipio benicense dirigidas por su profesor, el reconocido artista mexicano Jerónimo Uribe Clarín. Las ocho alumnas del taller formativo (Araceli Guarné, Mari Cruz Campo, Maria Isabel Ramos, Paca Flores, Paloma Martínez, Paqui Micó, Rosa María Ricart y Rosie Ong) estarán acompañadas por dos invitadas, la joven promesa Ana Beltrán y la bailarina Lola Ramos que se estrena a los pinceles. La inauguración de este proyecto expositivo titulado ‘Ni diva ni invisible. Trabajo, pinto y trabajo’ tendrá lugar este viernes a las 19.00 horas.

Siguiendo la estela de Ende, considerada la primera pintora occidental, que iluminó los más bellos códices tras los muros de su convento en el siglo X este grupo de mujeres ha dedicado dos años a preparar con tesón y mucha ilusión este proyecto que busca visibilizar el papel de la mujer artista. Araceli Guarné (profesora jubilada) anhela el aire puro que queda ahogado por la rutina del trabajo doméstico a través de ropa tendida en tendederos mecidos por la brisa.

Mari Cruz Campo (masajista y esteticista) alude a la máquina de coser y al metro como elementos de la feminidad. Maria Isabel Ramos (profesora de Primaria) recurre a un conjunto de ollas que han formado parte de su familia durante generaciones como objeto-icono para recordar que el trabajo en el hogar es diario, sin horarios fijos ni descanso.

Paca Flores (ex gobernanta en un hotel) habla del no-trabajo, esos anhelados momentos privados tras una agotadora jornada cuando descansaba sus rodillas con reconfortantes bolsas de agua caliente.

Paloma Martínez (empleada de hotel) prefiere la parte activa del trabajo y hace protagonista de sus lienzos a las aspiradoras y escobas que la acompañan en su tarea diaria.

Paqui Micó (matrona) realiza un interesante políptico inspirado en las cuatro estaciones convertidas en zapatos de mujer alusivos a cada periodo del calendario; elementos fetiche de la feminidad y en ocasiones instrumentos de opresión.

Rosa María Ricart (licenciada en Traducción) juega con la metáfora de picar cebolla donde el llanto es, por un lado, natural causado por el escozor del alimento y a la vez un llanto de emociones donde expresar sentimientos oprimidos.

Por último Rosie Ong (profesora) opta por la magia de los aliños donde con los mismos ingredientes cada individuo logra un sabor distinto.

Cierra este grupo el debut de Lola Ramos como pintora que se estrena con técnica mixta sobre tela aludiendo a los compases de planta-tacón convertidos en una plancha y un zapato de baile que marcan su biorritmo natural donde alterna su labor doméstica con su profesión como bailarina.

Y, finalmente, la joven y prometedora Ana Beltrán. Esta alcorina rebusca en su álbum familiar para conocer a las mujeres de su familia.
 
En la justificación del proyecto el Doctor en Historia del Arte Joan Feliu afirma que “la exposición plantea dos cuestiones de reflexión, por un lado la reivindicación de un grupo de mujeres que en su escaso tiempo libre tras su trabajo en el hogar, en lugar de dedicarlo a tertulias en el bar, carajillos o partidas de cartas, se lanzan a expresarse a través de la pintura, aspecto que se ve reflejado también en la temática de las obras, las tareas domésticas odiadas por cada una de las autoras. En segundo lugar, en un mundo copado por el divismo como es el arte, la muestra expone la capacidad de expresión con gran dominio técnico de un mundo amateur que alcanza altas cotas de calidad cuando se lo propone”. “El principio clave para entender la motivación de estas obras es el despertar de la conciencia, por eso plantean una nueva posición para la mujer en el arte, como sujeto más que como objeto; como interlocutoras activas y no como temas pasivos”, abunda.

La exposición ‘Ni diva ni invisible. Trabajo, pinto y trabajo’ permanecerá abierta hasta el próximo 17 de marzo de 2013. El horario del Centro Cultural Melchor Zapata de Benicàssim es de jueves a domingo de 18.00 a 21.00 horas.

martes, 1 de junio de 2010

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